Buscador

Mostrando entradas con la etiqueta MdT. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MdT. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de junio de 2020

SPOILERS Crítica MdT "Días del futuro pasado" (4x08) y ANÁLISIS FINAL de la TEMPORADA


Es difícil de explicar todo lo que esta serie ha significado para mí, pero facilmente puedo resumirlo en que ha sido de las cosas que más han influido en mi vida. Tal vez sin El Ministerio del Tiempo yo sería alguien muy diferente, para bien o para mal, pero eso no lo sabremos nunca. De lo que si podemos estar seguros es de que el final de esta cuarta temporada significa el final de algo: ya sea de la serie (cosa que dudo) o de una etapa de la misma, algo que me invita a soñar con una nueva temporada, pero cambiando bastantes cosas, como se deja entrever en el último episodio, titulado, acertadamente, "Días de futuro pasado".


El capítulo abre con una revelación: un niño es hallado muerto en las proximidades de el ministerio, y Salvador Martí confiesa a una incrédula inspectora de policia (interpretada con soltura por Marta Milans) el porqué del crimen. Ahora, nos introducimos en un relato iniciado seis meses atrás, tras el rapto de Julián en 2012. Tras dos órdenes de desaparición, una en la actualidad como agente del ministerio y otra en 2012 por orden de su esposa a la que logró salvar del fatal accidente Julián regresa al 2020 para contarles a todos lo que ha ocurrido: fue llevado al año 2070 por orden de la mismísima Lola Mendieta (aquí interpretada por Fiorella Faltoyano, lo que supone un error de continuidad a mi parecer) que se halla sorprendentemente mayor para haberse tomado el fluido garcía y llegado al 2065 y esperar cinco años. En el futuro ella le explica a Julián que conoció a un hombre, Juan Salcedo, que se apoderó del anacronópete y creó una sociedad totalitarista (lo de fascista no me parece acertado) en la que se vive del pasado, robando alimentos, agua o niños de otras épocas, pero también se viaja al futuro, para adelantarse a los acontecimientos venideros tales como revueltas o guerras. Esta sociedad incluye también numerosos y agradables guiños a productos actuale (Cuéntame, Saber y Ganar, Terminator, Bertín Osborne...). En resumen, este futuro distópico supone una verdadera delicia para los espectadores, perfectamente elaborado e hilado: pero, ¿no se podía viajar más allá del año actual, no? En principio no, pero esta duda es solventada con el anacronópete: en un mundo con máquinas que te dejan en el lugar y momento exacto, las puertas son inútiles, y aunque siguen existiendo, se destinan a tareas menores. Así, tras esta revelación, el Ministerio del Tiempo actual se pone en marcha para encontrar al más lejano antepasado posible de Juan Salcedo que, si no lo recordaís, fue el amigo pelirrojo Dani Pérez Prada que apareció como el falso gestor en el episodio seis. A propósito, en el relato del futuro dan una teoría que me ha gustado bastante: ese futuro es producto de todos los pequeños cambios que han tenido que hacer en la historia para que, paradojicamente, esta no cambie. Una buena visión de nuestro tiempo...


Ahora, en una secuencia del más puro cine de ciencia ficción, los intocables de Salvador Martí (ahora se entenderá) viajan a 1890 para raptar a un antepasado de Juan Salcedo. Tras un tiroteo con las "amables monjas" que custodiaban al bebé (y tras protagonizar un buen homenaje a "Los intocables de Elliot Ness" que a su vez homenajeó al "Acorazado Potempkin") los agentes vuelven ilesos al 2020, con el bebé en sus manos, que se lo ceden a Salvador. Ahora llega una de las escenas más intensas de la serie, resuelta de forma magistral: hiela la sangre ver a un Jaime Blanch atormentado por el crimen que ha de cometer, intentando sobrellevarlo con alcohol y bajo el terrible llanto de la criatura. Con unos planos que podría haber rodado perfectamente Terry Gilliam, Salvador se pone a ello... Por suerte, el crimen es detenido por la inspectora de policía, que llega del futuro para evitar la muerte de la criatura, con la ayuda del mismo Ernesto.


Aunque el crimen es evitado aún quedan cuentas pendientes. Para enterarnos de ellas retomamos al noviembre de 2020, cuando inicia la historia. Ahora no hay bebé muerto, pero si un Salvador cansado, dimitiendo de la entidad y cediéndole el puesto merecidamente a Ernesto (en este blog somos pro-Ernesto y cuenta fan número 1 a Juan Gea). Así mismo, deja una carta, agradeciendo y recordando a todos los personajes por su entrega y sacrificio, así nos enteramos del destino de todos: Irene ha abierto un departamento para la memoria de mujeres olvidadas en el ministerio, Angustias tal vez gane la lotería (¡la pensión la da para muy poco!), Alonso y su familia se marchan a La Haya, dóne Elena ha encontrado trabajo; Carolina a aceptado el bebé antepasado de Salcedo (cambiando así la historia, claro) para cuidarlo, y finalmente, Julián ha logrado salvar a Maite, traerla al presente y ambos esperan un hijo. Por fin Julián, por fin. Pero lo más importante: Pacino. 


En uno de los momentos más emocionantes de la temporada (y de la serie) vemos a un hombre de espaldas, armando un artilugio dentro de un maletín. A continuación, aparece un coche en un campo de cultivo: un anacronópete se para ante él y baja Lola. Y el hombre del coche era, nada más y nada menos que un Pacino envejecido, en 2065, que por fin, tras 45 años puede reencontrarse con Lola. El porqué se encuentran allí o porqué Lola con el anacronópete no viaja al 2020 y rejuvenece no importa (a ver, importa pero mejor no pensar en ello), lo importante es que Pacino coloca una bomba en la máquina y ambos se marchan para vivir juntos todo lo que puedan. A lo lejos la máquina explota y un fragmento de esta se choca con la cámara, dando pie a los crédito (que por alguna razón TVE cortó antes de tiempo). Así concluye la temporada. Una temporada que cierra con un futuro feliz para todos sus protagonistas, pero cosiendo por completo las heridas de estos, lo que nos da a entender un final: ¿de la serie? No lo parece, tras los buenos datos de la temporada, ¿de una etapa? Eso probablemente. Veo una nueva temporada sin muchos personajes, como Salvador, Alonso o Lola, pero brindandonos algunos que no han tenido demasiado desarrollo en esta, como Carolina, una delicia de personaje que ha contado con las apariciones exactas para dejarnos con la miel en los labios.


En conclusión: esta temporada cuatro cierra, cierra algo que en un futuro sabremos. Ha sido una temporada bastante redonda, con un desarrollo muy intenso de los personajes, y un buen equilibrio entre ellos y la historia: nos reencontramos con viejos personajes que no tuvieron tanta relevancia en la temporada 3, como Amelia o Velázquez, pero además personajes históricos como Lorca, Franco, Picasso o Felipe II, que marcaron la serie, vuelven a aparecer. También nuevas historias, que unen pasado y presente, ya sea de carácter emocional como el sensacional episodio de Emilio Herrera o el desternillante reallity de Fernando VII. Ha gozado de ciencia ficción de la  mejor y más pura, así como de comedia y acción. Una temporada muy equilibrada en todos los sentidos, y que cierra de una manera sensible y bien intencionada. Tal vez, en mi opinión, la reste nota las paradojas y las incógnitas del último capítulo, pero joder, lo admito, lloré con la escena final. Y pocos productos audiovisuales me han hecho llorar. De hecho mis ojos se humedecen recordando la escena (tal vez porque tengo de fondo a Andy Williams cantando el tema de Love Story) y el sabor agridulce que me ha dejado lo recordaré como uno de los puntos altos de la serie. Con todo, no quisiera extenderme más, y cómo tampoco quiero acabar de forma melodramática, adjunto mi Top 8 de los episodios de la temporada, aunque vamos, todos podrían ser el número 1:

1
4x03: BLOODY MARY HOUR


2
4x05: DESHACIENDO EL TIEMPO


3
4x07: PRETÉRITO IMPERFECTO


4
4x6: EL TIEMPO VUELTA


5
4x08: DÍAS DEL FUTURO PASADO


6
4x01: PERDIDO EN EL TIEMPO


7
4x02: EL LABERINTO DEL TIEMPO


8
4x04: LA MEMORIA DEL TIEMPO 


Ha merecido la pena.

Atte: Pibón del Barroco

miércoles, 17 de junio de 2020

SPOILERS Crítica MdT "Pretérito imperfecto" (4x07)


Que decir de Fernando VII: uno de los personajes más despiadados, crueles y maquiavélicos de nuestra historia. Tirano sanguinario que esclavizó a un pueblo que le había dado todo. Pocos reyes en la historia han resultado tan horrendos como él, y sin embargo, como eje central del penúltimo episodio de esta temporada, ha resultado un alivio cómico tremendo, algo que se echaba en falta en esta tanda de episodios. Tal vez por necesidad o por humillación, han hecho con Fernando VII un episodio tan divertido que resulta equiparable a "El Monasterio del Tiempo". Y por supuesto, nos han dejado con la miel en los labios para el próximo capítulo.


La trama, tremendamente divertida, inicia con el monólogo (muy acertado, por cierto) de lo politicamente correcto, que un mediocre actor pronuncia en un solitario garito, observado por Salvador. Su encuentro no es casual: buscan un doble para el rey Fernando VII, quién, convaleciente, se muere en 1832, un año antes de lo previsto. Le rodean otros personajes interesantes pero no menos déspotas que él, que también ansian el poder: su hermano Carlos María Isidro de Borbón y su esposa, María Cristina. La solución es traerle al presente y que un doble le reemplaze, claro, sin que este sepa su verdadero propósito. El elegido es Cucalón, el monologuista infortunado que conoce Salvador. No es casualidad, pues el actor que da vida a este actor es Juanjo Cucalón, por lo cuál suponemos que es una parodia o un "basado ligeramente en hechos reales" el hecho de que se apelliden igual. Podríamos decir incluso que se interpreta a si mismo pero en fin, lo importante es su gran parecido con Fernando VII.


Para que acceda a interpretar al rey le engañan, haciéndole creer que va a participar en un nuevo reality, uno de carácter "histórico" (he aquí una pulla excelente a la telebasura de este país que tanto ha pisoteado en los audímetros a nuestro Ministerio), y su labor será estar tumbado y convaleciente. Claro que eso no será así y nuestro Cucalón hará lo posible para obtener protagonismo y ser coronado como "rey del edredoning" en una de las escenas más desternillantes de la serie y sorprendentemente bien llevada. De igual manera, la dirección de Koldo Serra es notable en este capítulo y genera un entorno mucho más creíble, lejos de serie de televisión y más como una película. Y que decir de las excelentes tomas en la Granja de San Idelfonso (esos escenarios naturales en esta temporada son una auténtica delicia) acompañada por una buena fotografía e iluminación.


Con todo, el capítulo deja momentos memorables y una química brutal entre todo el reparto. La trama se soluciona descubriendo que estaban envenenando al rey con arsénico, por lo que en la actualidad le dan el tratamiento necesario (y después Salvador le da un repaso). A Cucalón le pasa lo mismo (justo recitando un monólogo de "El mercader de Venecia") pero el rápido actuar de los profesionales médicos (Castellar, quién ante todo es médico, como bien deja claro en unas citas memorables) le salva la vida, dando pie a un quebradero de cabeza entre los conspiradores, entre los que se encuentra su hermano Carlos María Isidro. A todo esto hay que mencionar que en el Ministerio se lo pasan de miedo observando como se desarrolla la situación con las cámaras ocultas que hay en los aposentos.


El capítulo no queda exento de momentos drámaticos, muy bien llevados, como la charla entre Alonso y Pacino sobre el amor y su pérdida, o cómo Alonso pone en duda su lealtad a un rey que hizo tanto mal en su pueblo. Pero la trama dramática por excelencia vuelve a ser por enésima vez Julián y su pasado. Aunque es una cosa más que requetevista, hila perfectamente con el próximo episodio, pues al final de este, yendo Julián a ver a Maite antes de su muerte, un par de malandrines le secuestran y le llevan a... ¿el futuro?


En definitiva, "Pretérito Imperfecto" compone un episodio tremendamente divertido, agradable y notable en todos los aspectos, que nos deja expectantes con su final. Deseoso estoy de ver como hilan con el episodio del martes que viene, que promete muchas sorpresas y un final digno. Solo espero que no sea un final final...

Atte: Pibón del Barroco.

miércoles, 10 de junio de 2020

SPOILERS Crítica MdT "El Tiempo vuela" (4x06)


Hace un par de años se lanzó el segundo cómic de la serie: "Mi Tiempo se agota", en el que asistíamos a una de las primeras misiones de Lola Mendieta: salvar la vida de Emilio Herrera, el genio granadino que inventó una escafranda en la que se basarían los ingenieros de la NASA para preparar los trajes del primer vuelo a la Luna (1969). Si bien el cómic y el capítulo que hoy nos toca guardan diferencias, mantiene el mensaje fundamental: dar a conocer a Emilio Herrera, uno de los tantos genios olvidados de este país. Y el capítulo que ayer se emitió (que contiene una jugosa y divertida referencia al cómic) resulta de tal sensibilidad y belleza que ya se ha posicionado como uno de los mejores de la temporada.


El capítulo vuelve a traernos el mejor Ministerio: no hace falta misión al uso, ni tampoco las coletillas cómicas, ni mucho menos a la plantilla habitual: Pacino, Julián y Lola no están, pero sí Alonso, aunque sus intervenciones son las justas para que no le demos por desaparecido también. Más que un error es un completo acierto, pues trasladan el epicentro del episodio al jefazo de la serie: Salvador Martí se enfrenta en este episodio a su pasado, que una vez fue su futuro. Con este episodio, Jaime Blanch debió de pasarserlo en grande, y nosotros también. Ya era hora de verle fuera de su despacho algún día, y lo hace acompañado de uno de los temas más desconocidos en este país: nuestra exquisita tradición científica.


La premisa del episodio es sencilla: Einstein aparece asesinado en un hotel de Madrid, y Emilio Herrera es acusado del asesinato. Angustias le muestra en privado la noticia a Salvador, quién decide arreglar el asunto por sí solo. Así nos metemos en una espiral de acontecimientos que relatan, de forma cuasi paralela, la vida del subsecretario con la del científico español, al que, a propósito, salva de ser culpado del crímen. Sin embargo, como he adelantado, eso es solo el principio de la espiral, pues al volver al presente, Salvador observa atónito el fallecimiento del primer hombre que pisó la Luna, que para más inri no fue americano, si no ruso, país al que Emilio Herrera cedió su escafranda para iniciar el proyecto de alunizaje.


Así que nuestro jefe se pone en marcha de nuevo para evitar el que para él resulta más un robo que un regalo. Al visitar el Aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid, Salvador puede advertir a dos eslavos junto a un avión, y convence a Herrera de esconder la escafranda pero, para sorpresa de ambos, está siendo robada por su ayudante de laboratorio. Tras un improvisado secuestro, se llevan a nuestros protagonistas a un lejano bosque para ser asesinados, pero Irene y Alonso llegan a tiempo para evitarlo. A propósito, mientras Salvador está fuera un asesor de presidencia llega al Ministerio para supervisar las cuentas y los gastos, y tiene sus roces con la plantilla habitual, entre ellos Velázquez. Con todo, al salvar a nuestros protagonistas, los agentes vuelven con Salvador al presente, y comienzan a despejarse las dudas...


Aunque nosotros veníamos vaticinandolo desde el principio del capítulo, Salvador revela que tal día como hoy (diez de marzo en la serie) se hacían cuarenta años de su primera misión en el Ministerio que, de forma burlesca, consistía en un tráfico ilegal de papeles intertemporal. Sin embargo, esa misión a 1889 también provocó que lograse salvar la vida de un niño al que una maceta iba a, literalmente, reventarle. De vuelta a su presente (1980) le asaltan las dudas, así que, ayudado por su compañera de trabajo, Sofía, investigan sobre aquel niño: nada más y nada menos que el mismo Emilio Herrera. Y de aquella investigación, surgió el amor. Ambos se casaron y, como explica luego Salvador, acudieron de incógnito a los momentos más importantes de la vida de Herrera, sin que le vieran, claro. Y por eso mismo Salvador tenía la imperiosa necesidad de acudir a las misiones en las que se viera involucrado. Otro ejemplo magnífico de como esta serie es capaz de reinventarse: una unión a través de los tiempos: a uno le salvaron la vida, al otro le permitieron conocer el amor. Cada uno agradecido con el otro. A propósito, el capítulo se inicia con una escena dolorosamente bella, en un homenaje a "UP" dónde se ve a la pareja paseando a lo largo de los años por el mismo parque, emocionados ante los niños que corretean a su alrededor, porque nunca tuvieron uno. Como bien dijo Salvador: "Emilio Herrera fue el hijo que nunca tuvimos".


El capítulo es entonces un melodrama fantástico, en el que combina flashbacks con la narración presente de manera extraordinaria. Combinar una historia tan fascinante como la del Sr. Herrera con la vida, hasta ahora desconocida, del subsecretario Martí ha dado pie a un resultado maravilloso, emotivo e interesante, que finaliza con un encuentro entre ese ángel de la guarda y aquel genio olvidado. Como siempre, la serie no da puntada sin hilo, y aparece en escena una roca lunar que cedió Neil Armstrong al Museo del Aire de Madrid en homenaje a la labor de Herrera, pero que fue robada en 2004, y esta vez, por nuestros agentes, que se la llevaron al ingeniero al París de 1947, ofreciéndonos otro maravilloso encuentro entre funcionarios y personajes, como ya va sucediendo varias veces esta temporada.


Además, el capítulo no se aleja del hilo de la temporada, pues al final da cierto giro de guión con la aparición de un intruso en el Ministerio, que ya veremos que nos depara. De momento, a esperar a la semana que viene, que ya será el penúltimo episodio y tiene parecer de echarnos algunas risas con él (tal vez lo único que hecho en falta en esta temporada). Ah, y para la gente que se queja de lo poco que apareció Einstein: era solo un McGuffin ;).

Atte: Pibón del Barroco

miércoles, 3 de junio de 2020

SPOILERS Crítica MdT "Deshaciendo el Tiempo" (4x05)


En ocasiones, en las obras de ficción que incluyan viajes temporales, viajar a un episodio o pasaje de la misma obra puede ser una apuesta arriesgada: o quedar un galimatías espacio-temporal sin pies ni cabeza, o queda una obra redonda, perfecta, que no desvirtua la esencia del argumento pero innova. Eso mismo ha pasado con el quinto capítulo de la cuarta temporada de "El Ministerio del Tiempo".Un episodio que se aleja de los cánones estructurales del resto aportando algo fresco y novedoso así como heredero de episodios similares, que rompían la idea de un viaje de ida y vuelta, como "El Tiempo en sus manos" o "Hasta que el Tiempo nos separe".


En el capítulo anterior veíamos como una misteriosa máquina a manos del perverso Díaz Bueno raptaba a Lola Mendieta. En este capítulo, Pacino hará lo posible para evitarlo, un capítulo que se lo lleva de lleno Hugo Silva en una interpretación llena de matices, alejadas del cañí que desprendía siempre su personaje y aportándole un drama magistral. A él se le suma el personaje que conocimos en el segundo capítulo, Carolina, interpretada por Manuela Vellés, que supone un soplo de aire fresco tras llevar a la extenuidad los personajes de Irene y Lola, y con total gracia y acierto protagoniza una de las mejores escenas ya no del capítulo, si no de la temporada: su encuentro con su otra yo. Porque a veces, el amor propio es más importante que cualquier otra forma de amar, como bien se demuestra cuando finalmente Pacino debe dejar que el tiempo vuelva a su curso.


Y es que, su ímpetu por rescatar a Lola le lleva a reescribir el tiempo tres veces, dándo tres resultados atronadores y que, por supuesto, solo recuerdan él y Carolina (que había sido ordenada por Irene en la línea temporal normal que vigilase a Pacino). Primero, al evitar que Lola viaje, Alonso y Julián son asesinados por la banda de Díaz Bueno, lo que deja a todo el Ministerio desolado. Tras remedir esto, Alonso y Julián son raptados por Díaz Bueno en una segunda línea temporal, y al retroceder al pasado les convierte en niños, lo que es un desastre para el futuro, claro. La pobre Elena ahora tiene que hacer de madre tanto de su hija como de su marido. Y finalmente, intentando atajar el problema de raíz secuestrando a Díaz Bueno, el Ministerio explota por una bomba colocada tiempo atrás (en cualquiera de las líneas temporales) por su banda. Todo un ejemplo de la más magistral ciencia ficción, de un buen guión y una catarata de originalidad.


Y todo sin necesidad de misión, de realizar escenarios y personajes nuevos para otro capítulo. Aprovechando ese as en la manga que no habían gastado, de dar un "Regreso al Futuro 2". ¿Era una apuesta arriesgada? Muchísimo, pero el resultado merece la pena. Y al final se demuestra lo dicho anteriormente: amar también es dejar ir. El capítulo nos da otra lección, que aunque presente en toda la serie, se acentúa aquí: el pasado es el que es, y no debemos cambiarlo (metaforicamente hablando en la vida real, claro). A propósito, quiero remarcar la dirección de este capítulo, magistral, y que sin ella hubiese perdido mucho (Pacino cruzando una puerta y por el otro pasillo saliendo, las dos Carolinas, las mismas escenas en torno a la última misión...) aunque yo con estas cosas siempre me pregunto: ¿Rodaran eso de nuevo o tirarán de archivo?


Tal vez lo que menos me ha gusado es la premisa con la que se vendía, que iba a cambiar la serie, que sería asombroso, etcétera, para acabar, finalmente, en su punto de partida. Todos siguen vivos, sigue bien, ¿pero como seguirá Lola? Es lo que más suspense me ha generado esta temporada. Veámos como sale de ahí y si, por algún casual, Díaz Bueno realmente no ha muerto. Sería una pena que mataran a su personaje de la forma en la que lo han hecho, tan abruptamente. En fin, solo el tiempo lo dirá.

Atte: Pibón del Barroco

miércoles, 27 de mayo de 2020

SPOILERS Crítica MdT "La memoria del Tiempo" (4x04)


Antes de desarrollar la crítica o análisis de este episodio, he de decir que, hace un par de años yo ya ideé una cuarte temporada de la serie, por supuesto, en mi intimidad y como hobbie, sin ningún tipo de relación con cualquier persona de la serie. El hecho de hacerlo fue meramente aburrimiento y mi creencia de que jamás habría cuarta temporada, por lo que me dí rienda suelta para tratar otros temas más complicados y llevar la serie hasta dónde yo quería. Lo curioso es que, entre los capítulos que escribí, había uno titulado precisamente "La memoria del Tiempo", pero que trataba sobre Dalí y su cuadro de nombre similar. También elaboré otro sobre el transporte de cuadros del Museo del Prado a Valencia durante la Guerra Civil. Muchas coincidencias que se quedan en, simplemente eso, meras y simpáticas coincidencias para mí. Ahora, en este nuevo capítulo de la temporada cuatro, nuestros protagonistas tendrán misión doble: descubrir quién y porqué ha robado varios cuadros del Museo del Prado (entre ellos "Las Meninas") durante su transporte hacía Valencia, y, averiguar porqué Picasso ha dejado de pintar el Guernia. Tela, telita, tela...


Para empezar, el capítulo ha gozado de una enorme promoción al subirse el pasado viernes el clip inicial del episodio, en el que aparecía Velázquez bailando en el ya citado museo al ritmo de la canción de trap humorístico "Velaske yo soi guapa?" muestra de nuevo de la genialidad de la serie: historia no solo son los generales, las batallas, las revoluciones, las mujeres o el arte. También el humor y los fenómenos de masas, tales como esta pieza musical que acumula desde diciembre de 2017 más de 10 millones de visitas en YouTube. En fin, retomando la trama, a la par que Velázquez nos hipnotiza en el Prado (me imagino que rodar allí sería una pasada, y aquí me surge la pregunta: ¿los guardas que aparecen en la escena son de verdad o figurantes?) en 1937 y en el mismo lugar, una figura encapuchada fotografía "Las Meninas". Al darse la vuelta reconocemos al villano más clásico de la serie: Alberto Díaz Bueno, el comendador. Suenan aplausos por parte de los televidentes: recuperar a ese personaje, inmortalizado por Francesc Orella, es sin duda uno de los puntos fuertes de la temporada que espero mantengan hasta el final.


La misión que concierne entonces a la patrulla (ahora Julián incluido, pero no Alonso, detalle que cuidarán en el próximo capítulo) es viajar a 1937 y descubrir quién ha robado la obra maestra de Velázquez. Por desgracia, en ese instante, un agente del Ministerio en el París de 1937 escribe avisando de que Picasso no está pintando el Guernica, cuadro que ya trajo de cabeza a los agentes en uno de sus primeros capítulos, como bien recuerda Julián. Así que el capítulo atiende a una doble misión: por un lado, Julián y Lola, conocedores de la Guerra Civil, viajaran al Museo del Prado para descubrir al ladrón de arte, mientras que Pacino, Irene y Velázquez deberán ir a visitar a Picasso (bien interpretado por Tony Zenet), lo que se traduce como un episodio de desarrollo simple, en el que no hay tanta cabida para momentos dramáticos ni sorpresas (la mayor hasta el final es la aparición del futuro amante de Lola, Carlos, al que, como recordamos, asesinó en 1943 por traicionar a Julián en un atentado contra Franco) pero si con numerosos tintes cómicos, la mayoría sobre los hombros de Velázquez, que se lleva la palma del mejor personaje del capítulo. Tal vez lo mejor de este capítulo es la habilidad de la serie para narrar un hecho completamente diferente con un elemento tocado de anterioridad, como es el Guernica.


Sin embargo, si que hay que culpar al capítulo de momentos algo más pesados, como el encuentro de Irene con Campoamor. No me malinterprenten, esta bien, pero no hilaba bien con el argumento central del capítulo, mientras que para la Srta. Campoamor un capítulo aparte hubiese estado fabuloso. Es ya buscar intentar menter lo feminista aunque no pegue ni con cola. En este capítulo hubiese ganado muchísimo más la trama amorosa entre Irene y Baker, algo mucho más sorpresivo. 


Continuando con la trama, esta alcanza el climáx cuando se descubre que el personaje de Orella es el villano principal, para sorpresa de todos los que le conocieron anteriormente. Además, el momento cumbre es el rapto de Lola por él, que la lleva a punta de pistola a su particular máquina del tiempo: el Anacronópete, una máquina que inventó el escritor español Enrique Gaspar i Rimbau años antes que la máquina del tiempo que ideó H. G. Well(e)s, lo que añade un plus genial a la idea de que pueden existir más formas de viajar en el tiempo en la serie que las puertas. Y aquí me gustaría alabar a los especialistas de VFX y edición, recreando de manera soberbia y magistral la máquina. Nunca me imaginé que en La 1 pudiese ver efectos especiales de este calibre. Mis mayores elogios en este episodio van para ellos.


El episodio es pues sencillo, pero que deja la puerta abierta y a lo grande para la semana que viene, en la que parece, volverán a esta semana para evitar el rapto de Lola. Todo un juego metáfisico con el que he soñado alguna vez y que, si lo hacen bien, podría traducirse como uno de los grandes episodios de la serie, sin necesidad de viajar a otra época o realizar otra misión: unicamente marcarse un "Regreso al Futuro 2". Por supuesto, espero que la trama de Díaz Bueno y el Anacronópete no cesen ahí, y aunque hagan paron en episodios siguientes, retome como el gran final de la temporada.

Atte: Pibón del Barroco

miércoles, 20 de mayo de 2020

SPOILERS Crítica MdT "Bloody Mary Hour" (4x03)


Cuando ví este capítulo, lo que más me llamó la atención fue el hecho de que no incluyera en el título la palabra "tiempo", pero que no os detenga: eso solo es una minucia sin maldad en el que puede ser uno de los grandes episodios de la serie. Una odisea de sesenta minutos tan emotiva como emocionante, que recupera el aire clásico de la serie sin olvidar las innovaciones y mejoras visuales de esta y la anterior temporada. Una absoluta delicia. Vayamos pues a echarle un breve repaso:


La misión de este capítulo, por ende, la trama principal, nos sitúa más allá de nuestro país: la futura reina Isabel I (de la que tantas cosas se han escrito, hablado y rodado sobre ella) ha sido asesinada, algo que no sería un inconveniente si no fuese por el hecho de que cambia completamente la historia mundial: aunque en el capítulo, por falta de tiempo solo se aventuran a jugar con una imagen de un periódico en el que el Papa está dando misa en Londres y un par de referencias culturales, si nos paramos a pensar, la historia entera se reescribiría: no habría guerra con España, y personajes como Shakespeare o Francis Drake se perderían en el olvido, por no hablar de eventos como la ejecución de María Estuardo o la Conspiración de la pólvora... En fin, todo un problema que ya se aventura a resolver la mejor patrulla de la serie: Alonso, Pacino e Irene. En esta misión claro está, no faltaran personajes españoles que vuelven a tratar el tema del honor, la lealtad y la patria, con matices y puntos de vista, así como otros temas secundarios como la escusa de la locura para evitar que las mujeres reinen o los conflictos religiosos. Además, la historia es completada con cierto humor que esconde un sufrimiento y una pena infinita por parte del personaje de María Tudor, la reina "sangrienta"; pero también fea y vieja que nadie quería, todo enmarcado en un papel que borda a la perfección Rachel Lascar. La ambientación es espléndida, y las imágenes nos brindan unos parajes y unas sensaciones magistrales (ese ambiente lluvioso, esos fríos palacios y sus antorchas, etcétera).


Pero si ya la trama histórica es brillante, la trama personal que arrastraba la serie desde la temporada dos del conflicto amoroso no resuelto entre Julián y Amelia ya es sublime: el regreso de Aura Garrido y el trabajo que mantiene Rodolfo Sancho en su añorado personaje se fusionan para darnos unas escenas absolutamente magistrales. Todo un ejercicio de interpretación y guión a la altura del más alto Hollywood. Un tándem de reencuentro breve pero muy intenso, que, finaliza, como venía ocurriendo, con una puerta abierta. Quisiera entonces ahondar más en esto porque se me hizo el corazón un puño: tras despertarse del coma inducido, atormentado por sueños con Lorca, Julián (o Eulogio) grita "¡AMELIA!", así que a Salvador (y a la buena de Angustias) no le queda otra que pedirla ayuda para traer de regreso (no solo al personaje de Aura) a Julián a su presente. Para ello, Amelia no dudará en hacerle excarvar en sus recuerdos más dolorosos, como algunas de sus misiones o su difunta mujer, Maite, y por supuesto, para el final, recuperar la tensión amorosa (que no sexual) entre ambos, con dos fantásticos besos imaginados pero muy deseados por ambos. Y por supuesto, la puerta a Aura parece que se mantiene abierta...


Tras la misión principal, finalizada con amargas despedidas, entre ellas las de dos reinos destinados a enemistarse (aunque tanto Felipe II como María Tudor se esforzasen en lo contrario), parece que Julián, recuperado (aunque desconocemos hasta que punto), retoma su puesto de patrullero temporal. Una de las cosas que más me ha gustado de este capítulo es sobretodo la ausencia de los personajes de Lola Mendieta y Carolina, porque así el capítulo recupera y logra todo el aire clásico (clásico es decir, primera y segunda temporada) de la serie, y se concreta mucho más en lo que de verdad nos interesa. Aún así, me quedo con ganas de saber como proseguirá la historia del personaje de Vellés.


Y el broche de oro final para acabar el capítulo viene de Julián y su querido Federico: en un alarde por cerrar las heridas del pasado y agradecer todo cuanto puede al poeta granadino, Julián se lo lleva a 1979 a ver a Camarón cantar uno de sus poemas. Una escena de ternura infinita que, muy merecidamente, ya ocupa mi ranking de las mejores escenas de la serie, junto a la disputa Lope-Cervantes y a la muerte de Felipe II. Y esa frase... Esa frase de Lorca diciendo... "Entonces... He ganado yo y no ellos" es absolutamente magistral. A pesar de ser ciertamente contrario a algunas de las ideas de la serie, si algo como eso me hace pensar, ya tiene mi más absoluto respeto. Aunque la frase tal vez, se refiera más a la victoria de la cultura y el saber sobre la ignorancia que al propio fascismo y Lorca.... No sé, tal vez algún día podamos debatirla. Yo con ella finalizo ya este artículo sobre el que es, definitivamente, uno de mis capítulos favoritos.

Atte: Pibón del Barroco.

miércoles, 13 de mayo de 2020

SPOILERS Crítica MdT "El laberinto del tiempo" (4x02)



Y poco a poco nos llegan nuevos capítulos de esta maravillosa serie. Hoy, nos toca analizar el segundo episodio de la temporada cuatro: "El laberinto del timpo", guiño a la película de Almodóvar "Laberinto de pasiones" que es uno de los ejes de la trama de este episodio en el que, una mujer maltratada por su marido llega hasta 1648, dónde enamora a Felipe IV, lo que impediría que se casase con Mariana de Austria, dejando secuelas irreversibles en la historia de España y del arte (prueba de ello es que Velázquez no pintaría "Las Meninas", como bien nos recuerda en el episodio).


El capítulo, a simple vista, simple, da una vuelta de tuerca cuando, en la investigación para seguir los pasos de esta viajera en el tiempo (Carolina, interpretada por Manuela Vellés) se topan con Almodóvar, quién a contratado a un amigo de la infancia de Pacino para interpretar el papel que Antonio Banderas interpretaría en su película "Laberinto de pasiones" (de ahí el guiño que cito anteriormente). Así, lo que parecía una misión de rescate y vuelta a su época, se convierte en una doble misión paralela para evitar que dos de las grandes obras de arte de nuestro país desaparezcan. ¡A ver quién hubiera ido a los Óscars este año si no hubiera sido Banderas! Así, los agentes se ponen manos a la obra en un episodio muy simpático pero que no olvida el lado duro de las buenas cosas.


Con una nostalgia plasmada brillantemente, el episodio nos recrea la trama de Almodóvar inmensa en "La movida madrileña", uno de los movimientos artístios y culturales claves en nuestra historia. La recreación de los lugares y los trajes es sublime, sin caer en la parodia o la burla en ningún momento, como sucede con el personaje del director manchego, interpretado sublimemente por Carlos Santos. También se presenta el concurso "Un, dos, tres... Responda otra vez" tan recordado y mitificado, como el punto de partida del personaje de Carolina que, al ganar un apartamento en Torrevieja, halla allí la puerta del tiempo para escapar de su marido maltratador, en una subtrama que muestra otro de los episodios duros de aquellos años y que repercute hasta hoy: el maltrato doméstico. De igual forma se presenta la lucha de un personaje contra el sida, como consecuencia directa del ambiente festivo y desenfadado que supuso "la movida", sin dejar de lado la fuerza y la vitalidad para luchar contra la enfermedad que marcó muchísimo en aquellos años. Una trama perfecta, que acaba con una versión de "Life on Mars" de David Bowie bajo las lágrimas de Hugo Silva que otorga un broche de oro a este episodio.


No menos buena es la trama en la corte de Felipe IV, pero si más divertida, con la versión del famoso concurso en los salones del palacio, y en vez de pesetas o apartamentos, ducados y gallinas. Toda una genialidad que solo esta serie podría permitirse. Además, Edu Soto compone de manera brillante al monarca que fue apodado "el Rey Planeta", y que ya se suma a la lista de reyes que han aparecido en la serie. A todo esto, aparece Velázquez en otra de sus genuinas y brillantes apariciones, sobre todo cuando se encara con el jefazo que es Jaime Blanch (Pues pintará Las-Mo-no-nas). Por supuesto, la recreación de palacio es sublime, y no faltan los enanos y las obras de nuestro querido Lope de Vega.


Tal vez lo único malo de este episodio es la resolución de la trama anterior, la llevada a cabo en la corte de Felipe IV. Tras un breve discursillo de Alonso basado en las telenovelas de la uno, Carolina acepta liberarles. Y ya está. Fin de la trama. Ni aparece Felipe IV para detenerles ni nada, ni se paran ni absolutamente nada. Cojen, abren la celda y se van. Y tan tranquilos. A mi parecer, una resolución francamente burda, pero bueno, nada puede ser perfecto. De igual forma, Velázquez parece que va a tener más peso en el capítulo pero desde la escena en la que dice "Os acompaño" hasta el final solo aparece una vez, y es para cerrar las puertas del ascensor a un bebé (detalle genial pero que no compensa ese fallo de guión). Por último, felicitar la brillantez con la que Nacho Fresneda conduce a su personaje, transformado de rudo soldado de los tercios en un padre cariñoso, pero sin caer en el descrédito de su personaje.
Con todo, un episodio muy bueno hasta la resolución de la trama principal. No obstante, el final quedará marcado como uno de los mejores de "El Ministerio del Tiempo".

Atte: Pibón del Barroco

miércoles, 6 de mayo de 2020

SPOILERS Crítica MdT: "Perdido en el tiempo" (4x01)


Y por fin llegó el ansiado día que las sagradas escrituras (los cómics y la novela) profetizaban: el día que sería recordado por milenios; el día que unió a miles de personas en torno a sus televisores: el día en el que se estrenaba por fin la tan ansiada cuarta temporada de "El Ministerio del Tiempo", la mejor serie de la televisión española en muchos años. Y es que, tras casi tres años, parecía inviable una nueva temporada, pero contra todo pronóstico ha vuelto, mejor que nunca y con todos sus ingredientes a la medida perfecta. Ya estamos una vez más para salvar el pasado, nuestro presente y el futuro. Y aquí regreso para criticar (mejor, analizar) cada capítulo desde ya. Pero antes hay que recordar que, el uno de noviembre de 2017 la serie se retiraba con sus peores datos y uno de sus mejores episodios: "Entre dos tiempos", un relato metafísico y paradójico sobre una serie basada en la propia serie. Una genialidad absoluta. Y aunque unos meses más tarde se lanzaría el segundo cómic de la serie, la propuesta de renovación estuvo en el aire hasta el día de los inocentes de 2018, y en noviembre de 2019 comenzaba el rodaje. Por supuesto, un cambio radical en cuanto al diseño: ya no tenemos el clásico ministerio claustro(nunca mejor dicho)fóbico. Ahora tenemos un pedazo de edificio hermoso, idóneo y reutilizible:


Aunque echaremos de menos la cochambrosa sede en mitad de Madrid, el nuevo edificio plantea y trae una serie enorme de ventajas, la primera, el poder rodar en un entorno natural, lo que otorga realismo y calidad visual, pues ya no son necesarios los focos y otros cachivaches. Claro que, la luz del sol no se puede manipular, así que la iluminación ha de ser más cuidadosa. Por otra parte, las antiguas máquinas y herramientas de los 50 dan un aire clásico a la sede, pero a la vez moderno y futurista. Una elección magistral. De igual forma que hay cosas que cambian, también las hay que siguen: no solo se mantiene el reparto de la temporada anterior, si no que también vuelven Rodolfo Sancho y Aura Garrido, y hay incorporaciones claro. También regresa uno de los enemigos por antonomasia del Ministerio: el comendador interpretado por Francesc Orella, un actor fabuloso que de seguro, nos sorprendre gratamente esta temporada.


Pero bueno, vamos a lo que nos interesa, que es comentar los capítulos: el primero, titulado "Perdido en el tiempo" inicia con algo que ya se adelantó en la precuela de la temporada: que Julián, al parecer, no murió en la batalla de Teruel, si no que sobrevivió y ahora es la nueva imagen del régimen Franquista, un actor llamado Eulogio Romero, superviviente también de la División Azul y galán de cine. Con esta premisa, el Ministerio llama a la patrulla restante (Amelia no tiene cobertura en su época por lo que se ve), a pesar de que Alonso dejó claro que se retiraría, sin embargo, es comprensible que un hecho tan impactante le haga retomar su trabajo, y junto a Pacino, Lola (Estos en una relación que se tambalea por su trabajo) e Irene viajan a 1943 en busca de Julián. Y aquí quisiera remarcar el hecho de que Alonso no se ha visto con Pacino desde hace tres años, lo que me resulta bastante raro porque a fin de cuentas, eran amigos, y nada se interpuso en esa amistad. 


Retomando la trama, quisiera señalar un par de puntos: que la puerta de 1943 de a un burdel me ha parecido un detalle magnífico, visibilizando la dura situación de la postguerra incluso en la capital, en la que algunas mujeres debían recurrir a la prostitución para ganar algo de dinero (sumado al ya clásico chiste de la serie de que en cualquier época se cobra poco) y el segundo, la mención al bombardeo de la Plaza de Cabra, que como se dice en la serie "Picasso no pintó un guernica sobre ello", y eso es lo que más me gusta de esta serie, que reparte palos a un lado y a otro. Mención especial para, como siempre, el exquisito diseño de producción y vestuario, pues el plató cinematográfico de 1943 me ha parecido sublime. Por supuesto, el uso del chroma mejora cada día, incluso para escenas que yo dudaba de que se hubiera usado, lo que demuestra que esta serie tiene detrás a unos genios del VFX.


El episodio se resuelve de manera elegante: Julián no parece recordar a sus compañeros, pero además, prepara con miembros de la resistencia republicana un atentado contra Franco. Gracias a los contactos de Lola ella puede estar presente durante el intento de atentado y, aunque quiénes lo evitan son los dobles del dictador (que luego se presenta halegando que los actos ceremoniales le aburren mucho, lo que, en su conjunto me ha parecido una exquisitez solo al nivel de esta gran serie, la única que podría permitirselo) y Julián es arrestado junto a Lola, finalmente la patrulla les detiene, volviendo todos al Ministerio dónde Julián reacciona de forma un tanto agresiva e incrédula, lo que refuerza la opción de un Julián amnésico. Finalmente, un sueño del propio Julián encamado en una habitación sanitaria da pie al final del capítulo. No hablaré de tal sueño porque mencionarlo es injusto y merece verlo, y lo único que puedo decir ante esa escena es un "bravo" alto y claro.



"Perdido en el tiempo" supone un regreso brillante de la serie. No se andan con rodeos y nos introducen directamente en la trama de esta temporada, que se ve, estará muy enfocada a los problemas personales de sus personajes, con Julián (no sé hasta que capítulo) como epicentro. De igual forma se puede esperar una ambientación magistral, así como una muy buena calidad de imagen, que cada día me gusta más. La dirección arroja planos de vez en cuando bastante buenos, excelentes diría yo, y me gusta especialmente un detalle: los capítulos se acortan. Les quitan quince minutos, con lo que les quedan episodios (o quedarán) más condensados, más directos y más redondos, pues ya no resulta necesario rellenar para alcanzar ese tope de la hora y cuarto. Es más, si les sobran ideas, pueden emplearlas en futuros episodios. Ahora solo tengo que mencionar lo que no me ha gustado: la cabecera inicial está bien pero se me hace corta, no me da tiempo a saborearla. De igual forma los créditos finales, que me gustaban mucho más con el avance del capítulo siguiente enmarcado a la derecha y los créditos corriendo. Pero bueno, son detalles minúsculos en un muy buen episodio, que supone el mejor inicio de temporada desde la original.

Atte: Pibón del Barroco