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viernes, 9 de agosto de 2019

Death Proof: Amor por la decadencia



Death Proof: Amor por la decadencia
El retorno de Quentin Tarantino con la brutal y vengativa odisea de Uma Thurman bajo cuero amarillo supuso un impacto mundial casi equiparable al de "Pulp Fiction" (1994): Quentin volvía y con más ganas que nunca. La película funcionó bien en taquilla a pesar de la división de la obra en dos partes. Ahora el mundo se preguntaba cuál seria su próxima obra maestra.
Bien, resulta que un día, Quentin se reunió con su amigo, el costoso director de cine barato, Robert Rodriguéz, para visionar algunas cintas de cine B o incluso Z: estos filmes de bajo presupuesto se programaban para visionarse en sesiones dobles en salas habilitadas para ellas denominadas "Grindhouse" y así conseguir un mínimo de ganancias. Aunque su popularidad bajó entre los años 70 y 80, algunos frikis como nuestros protagonistas de hoy  han preservado la memoria de este cine barato y desenfrenado. Así qué, debieron pensar "¿Qué demonios? ¡Hagamos una película doble!" y así nació el proyecto conocido como "Grindhouse":


Cada amigo se encargaría de rodar una película que luego se proyectarían en sesión doble en salas de todo el mundo (spoiler, no fué así) y entre ambas una serie de trailers falsos para promocionar películas que no existían. Sin embargo, algunas de estas como "Machete" si que se acabaron llevando al cine (2010). En sí, la película de Rodriguéz "Planet Terror" (la que se proyectaría antes) no es mala, más bien es todo un triburo al cine de serie Z albergando todo por lo que este se caracterizaba: chicas con armas, sexo, zombies, explosiones y una serie de disparates que van de la mano, pero todo llevado hasta la saciedad aún representándolo con mimo y aprecio. Con el film de nuestro hombre pasaría algo diferente, puesto intenta mantener la esencia del cine serie Z aún sin el disparate de imaginación que su amigo había plasmado, un grave error a tener en cuenta (si quieres hacer un film de serie Z, demuestra que es de serie Z) por lo que la película se queda a medio camino de decir lo que nos quiere hacer creer. Aún con ello, Death Proof no es tan aberrante como nos hacen creer.


Veamos, la quinta obra de Quentin nos narra la historia de un hombre que se hace llamar "Especialista Mike" y, como bien dice Quentin en un momento dado de la cinta, el Especialista Mike es, un especialista. Aunque no uno cualquiera: con su "muscle car" se dedica a asesinar a jóvenes incautas en las carreteras del sur de los EE.UU. 
Para el papel del psicópata se forjó una larga lista de nombres de los que Kurt Russell salió elegido. El veterano actor llevaba años haciendo sus mejores participaciones en documentales sobre John Carpenter. Puede que con él se repitiera el "efecto Travolta" y desde entonces se ha hecho una cara conocida para las nuevas generaciones, que le han visto en alguna produción de Marvel y varios dramas interesantes como "Bone Tomahawk" (2015). El resto del reparto es practicamente femenino, con las algo conocidas Rosario Dawson, Rose McGowan, Mary-Elizabeth Winstead y la habitual del director Zoë Bell. Junto a actrices menores, se forman dos grupos protagonistas que protagonizan dos narraciones diferentes en el mismo film, ambas marcadas por la presencia del asesino que encarna Russell.


Aunque ninguna de las dos historias del relato son excepcionales, cada una se distingue de la otra en aspectos positivos y negativos. La primera, narra las corridas juveniles de cuatro amigas con cierta popularidad en su ciudad que buscan éxitos amorosos para esa velada. Una de ellas, que trabaja en la radio, da unas pautas para conseguir un baile sexy de su amiga para esa misma noche. La oportunidad no la pasa por alto el personaje de Russell, conformando uno de los momentos más vergonzosos de la obra.
Este primer relato contiene muchos fallos a nivel actoral y de guión. Para empezar, los personajes de las tres figuras femeninas protagonistas desprenden un intento de sensualidad muy vago, sin ningún tio de erotismo más allá de sus piernas y sus culos (planos que parecen interesar mucho a Quentin en esta cinta) y su ligera vestimenta. No desprenden la sensualidad de Mia Wallace o incluso de la madura Pam Grier en "Jackie Brown". Sobretodo Vannesa Ferlito, que protagoniza el baile más vergonzoso de los rodados por Quentin (de hecho, no ha vuelto a rodar niguno) que se queda muy atrás del protagonizado por Madsen en "Reservoir Dogs" (1992) o del mítico rodado en "Pulp Fiction". Me gustaría saber que pensaba Kurt Russell cuando se vió obligado a poner sus manos en la cadera de Ferlito. Y para más inri, Quentin cortó el baile a la mitad para pasar a otra escena. Se nota que tampoco a él le convencía demasiado...
Los diálogos fluyen entre sus personajes pero no conectan con el público. Es difícil seguirle el hilo a una retahila de nombres y datos que nos lanzan a la cara y que no ubicamos en los primeros dos minutos de la cinta. Tal vez las líneas más entretenidas sean las protagonizadas por Eli Roth y Omar Domm, quiénes repitieron con Quentin en "Inglourious Basterds" (2009). Incluso el personaje de Quentin es simpático y sus participaciones se agradecen en un segmento en el que tres pares de piernas intentan acaparar la atención. Mucho mejor el personaje de Pam Grier, más cercano al espectador y primera vícitma del especialista. Esta mujer nos acerca al crimen del psicópata y nos retransmite cierta claustrofobia e impotencia.
Este segmento también tiene ciertos detalles interesantes, como la fotografía y la estampa "retro" apoyada por la lluvia, lo que nos deja algunos buenos planos. Sin embargo, a Quentin le dió por rallar los fotogramas para que diese esa impresión de película rodada en baja calidad. Es un elemento incómodo para el visionado y que no aporta absolutamente nada, salvo demostrar la obsesión del director por la serie Z (tal vez sea el detalle más claro y grande de serie Z de la obra). 
Con todo y sin algunas actuaciones, menos pornografía y una imagen más clara, podría haber surgido de este segmento una pequeña obra de arte.

Ahora y antes de la segunda historia tenemos un pequeño interludio que no aporta demasiado, más sino un guiño a la obra de Rodriguéz, pues aparecen los personajes de Michael Parks y Marley Shelton en un breve diálogo donde se debaten los daños y las consecuencias del accidente en el que el Especialista Mike ha asesinado a las chicas del bar. Este segmento no pasa de una mera anécdota graciosa.

En la siguiente historia, otro grupo de chicas son perseguidas por el Especialista Mike, pero con resultados muy diferentes... 
Para empezar, la historia se sitúa 14 meses después. Especialista Mike persigue a un trío de amigas que se detienen en un área de servicio. Resulta curioso que se aluda a "Kill Bill" (2004) en varias ocasiones durante el segmento: el sonido de un móvil es la mélodica canción silbada por Elle Driver, el coche cuenta con los colores del traje de Thurman, y de hecho se cuenta una anécdota en la que participa una doble de Daryl Hannah. Unos simpáticos easter eggs. Aunque en esta parte la sensualidad y el erotismo resulta igualmente presente, es mucho más sutíl, acaparando la mayor parte de este el personaje de Mary-Elizabeth Winstead. Los diálogos así mismo dejan de ser mundanos y verborreantes y se vuelven más interesantes y con el peso "Pop" señal de Tarantino. Aún así, en determinados momentos resultan difíciles de seguir.
Sin embargo, no cuenta con la belleza de las imágenes de la historia anterior y los planos y tomas son más sencillos hasta la persecución final. De hecho, la persecución final puede ser la mejor y más complicada escena que Quentin rodó en esta película. Los cortes y el montaje son de igual forma excelentes, la más pura marca de Sally Menke que acerca bastante su trabajo a la escena de los 88 maniácos de "Kill Bill" (2004).
En cuanto a la BSO, no es de las mejores de la filmografía de nuestro hombre. Sintonías simples y repetitivas se mezclan con canciones de ritmo ágil como "Chick Habit" o baladas lentras al estilo "Down in México".

Aunque pueda parecer un filme más mundado y sencillo, la obra esconde amor por lo decandente: el filme presenta a un personaje que, frente a la decadencia de su vida, busca nuevas metas. Cuando los de su alrededor niegan haber visto alguna de sus participaciones en filmes poco conocidos, Especialista Mike es consciente de que aquellos tiempos pasaron y el es la sombra de ellos. Al igual, su estampa "amacarrada" y el estilo de los vehículos y las localizaciones también son una sombra de un pasado glorioso para Quentin, el pasado de un cine "de verdad". Es ahí donde se localiza la esencia de la serie Z en esta película (a pesar de quedarse, como he dicho, a medio camino de ser una película de serie Z). Con esta película, Tarantino homenajea a los especialistas de cine, al pasado de la cinematografía, a los efectos especiales que jugaban con la vida de sus partícipes. Puede que este sea su vago homenaje al cine hasta el estreno de su nueva obra, en seis días.
De igual manera, también hay ocultos los simbolismos de una América profunda y anticuada, como la venta ilegal, el sexo desenfrenado, las violaciones y el alcohol
Con todo, Death Proof podría haber sido una obra muchísimo mejor, incluso de sus mejores filmes, pero la obsesión por el homenaje, las vagas actuaciones, los diálogos estúpidos y ese molesto segmento que se ve destrozado hacen de Death Proof una película menor, aún con una marca "Tarantiniana" muy presente. Es un film que ama lo decadente, y por ende, así mismo es la película: decadente.


Pibón del Barroco

jueves, 8 de agosto de 2019

Kill Bill: Odisea de brutal y sangriento regreso


 Kill Bill: Epopeya de brutal y sangriento regreso

Tras casi 7 años parecia que el mundo del celuloide se había olvidado de Quentin Tarantino. Nada más lejos de la realidad, pues Quentin se puso tras la cámara de la pequeña pantalla para rodar un episodio de la serie "CSI Las Vegas" (2000-2015) del que tal vez aprovecharía el argumento para una escena de la película que nos concierne hoy: Kill Bill.
Lo cierto es que el nombre de Tarantino se apagó lentamente durante esos años de "exilio" en el que se perdieron esperanzas de su brutal regreso. A pesar de no excesivas malas críticas (ni tampoco efusivas) con "Jackie Brown" (1997) y la nominación al Óscar como mejor actor de reparto para Robert Forster, la película supuso una caída en picado del mito que poco antes se había forjado sobre Tarantino. Tras esto y como el mismo ha admitido, durante los siguientes años se dedicó a "vivir poco, tener todo el sexo que quisiera y ver todas las películas que pudiera" por lo que su figura se ensombreció. Sin embargo, no abandonó su profesión y se dedicó a escribir varios guiones que no acababan de cuajar de un film que tenía en mente, de nombre "Inglourious Basterds" (spoiler, acabó siendo una realidad en 2009). Viendo que la obra no llegaba a nada, la desestimó y recordó el personaje que años atrás durante el rodaje de "Pulp Fiction" había desarrollado junto a Uma Thurman: La Novia (por algo en los créditos se puede leer que el personaje de la novia es una invención de Q & U), una mujer que tras permanecer años en coma decide vengarse de quiénes intentaron asesinarla. Emocionado con recuperar la idea, Quentin comenzó a escribir el guión con cierta ayuda de su amiga. Cuando lo tuvo listo, se lo mandó el día de su cumpleaños como regalo. Quentin no quería la película sin Uma Thurman.


Originalmente (en 1994) iba a ser una película de noventa minutos, presupuesto ajustado y de baja calidad, idea que le transfirió entonces a Lawrence Bender. Nada más lejos de la realidad, Kill Bil" acabó costando 60.000.000 de $, siendo rodada en Japón y China y con una duración de unos 250 minutos, que incluía escenas de animación. Hasta entonces supuso el mayor proyecto de Quentin Tarantino. Un desafío que pocos directores habrían pulido tanto como Quentin y de los que menos aún sacarían tal obra maestra.
Para quién no lo sepa, Kill Bill es la odisea de una ex-asesina a sueldo para matar a quiénes intentaron matarla a ella y sus amigos el día del ensayo de su boda: su antigua banda, comandada por el misterioso Bill, el "encantador de serpientes". Pero no solo perdió a sus seres queridos aquel día, también a su bebé.
El reparto de Kill Bill es similar al de "Jackie Brown" (1997) puesto pocos de sus actores han repetido con Tarantino: para el escuadrón de asesinos Tarantino escogió a las semidesconocidas Vivica A. Fox y Lucy Liu, además de la gloria pasada de Daryl Hannah y su "Sr. Rubio", Michael Madsen. El reparto se completa con Michael y James Parks, los asiáticos Gordon Liu, Sonny Chiba y Chiaki Kuriyama y David Carradine como Bill. Anteriormente se barajearon nombres como Kevin Costner o Kurt Russell para el papel, siendo Warren Beaty el más cercano a conseguirlo, pero en última instancia renunció y propuso a Carradine.


Tal vez, el guión de Kill Bill no sea comparable al resto de sus obras. Si bien no resulta un pesado revoltijo de diálogos inalcanzables como en "Jackie Brown" tampoco es la soltura narrativa que emanaba "Reservoir Dogs" (1992). Quizá, por el forcejeo que establecen ciertos diálogos y la soltura de otros, se asemeje más a "Pulp Fiction" (1994). La verdad absoluta es que estamos ante la obra de Quentin que prima la imagen al diálogo, algo no muy común en su obra, pero que va afiancandose con el tiempo. Estamos ante la primera gran obra de acción del director, y posiblemente en ese sentido, la mejor: la agilidad de las tomas (en gran parte gracias a la magia de Sally Menke) que emanan del combate contra los 88 sicarios de O-Ren Ishii es comparable a los combates más míticos del cine de artes marciales. En cuanto a ese punto, la película es una completa estantería de referencias de dialogo, musicales y visuales al más puro cine de artes marciales, al spaghetti western, al cine de acción barato americano y en general a cualquier género que incluya muchas muertes. Durante un tiempo, por cierto, corrió el rumor de que Quentin ofrecía un millón de dólares a quién encontrase todas las referencias a otras películas con las que cuenta Kill Bill. Obviamente, el premio debe de seguir en el aire si es que no se ha cancelado, pues nadie las ha encontrado todas.
Como decía antes de esto, la película es un punto de inflexión en la carrera del director, que ahora cuenta con una precisión a la hora de filmar la acción que no poseía antes de Kill Bill, cuando desenvolvía las escenas de acción en una lenta y meticulosa retahila de sangre de corta duración. Kill Bill cuenta con unas coreografías que manipulan la acción de una manera magistral, en la que hay que ser rápido de vista para atenerse a cada detalle. Desde Kill Bill, la muerte es bella en la obra de Tarantino. Destacables los conflictos con el personaje de Hannah y la brevísima pelea contra Bill.

 

Aún con esas, la película cuenta con ciertos momentos de reposo que el diálogo es profundo y sensato: la comparación entre Superman y el personaje de Thurman es uno de ellos. Otro destacable es el monólogo casi interior del personaje de Hannah durante la convalecencia de Budd, cuando la tensión se puede llegar incluso a palpar y que continua con la pelea entre esta y La Novia. También resulta tensa la escena en la que Bill aparece en el altar, pues el espectador es consciente de que un momento a otro aparecerá el escuadrón para matarla, a pesar de aferrarnos en nuestro asiento y evitar distraer ese pensamiento.
Menos entretenidos son los abrumadores momentos del montaje del entrenamiento con Pai Mei y la fogata con Bill. El primero, resulta cuanto menos aburrido dada la irascible personalidad del maestro. También los pesados efectos del anciano saltimbanqui de un lado para otro me dan ganas de retirar lo anteriormente dicho sobre la maestria que estaba demostrando Quentin como director de acción. La segunda, un mero recuerdo que no aporta ni sirve a la trama, en el que un Carradine nostálgico de los tiempos de "Kung Fu" (1972-1975) narra cuentos orientales a la luz de una hoguera. La obra también cuenta con el fallo de ser aparentemente cerrada (deja una ventana abierta a un regreso del personaje de Hannah y la venganza de la hija de Vernita) pues La Novia, así como Django en su homónima película, lleva a cabo su venganza satisfactoriamente y les depara una vida feliz a sus personajes. En la mayor parte de la obra de Quentin, el destino de sus personajes es incierto.
Uno de los aspectos a destacar en la cinta es el espectacular montaje, probablemente de los mejores de la carrera de Sally Menke, la difunta amiga y montadora de Quentin: mientras que en el primer volumen (Kill Bill fue dividida en dos volumenes en base a su abrumadora extensión) prima la acción y las escenas más vibrantes de la película, el segundo volumen es más relajado, lento y paciente, en la que obra se va completando a si misma en base a los recuerdos del personaje de Thurman y su inminente acercamiento a Bill. La película resulta bien dividida y por lo tanto, los volúmenes se complementan de manera excepcional. Entre algunos de los detalles que destacar del montaje esta el uso de la pantalla dividida (que ya usó en "Jackie Brown" (1997)) bastante bien resuelto, y los fundidos en rojo.


No he dedicado con anterioridad ha hablar de las BSO´s de las películas que he analizado, más por despiste que por despecho. Lo cierto es que Kill Bill cuenta con una de las mejores bandas sonoras de Tarantino, tal vez solo superada por "The Hateful Eight" (2015) en la que se mezclan composiciones clásicas como música hispana, oriental o estadounidense. En la BSO participaron su amigo Robert Rodriguez y el rapero RZA mezclando algunos temas. Son mundialmente reconocidos los temas "Twisted Nerve" e "Ironside" que tienen especial peso en la película, y es que, la música que Quentin escogió para la mayoría de escenas de Kill Bill funciona en una sincronía poco común que sobrecoge de una forma maravillosa. Especialmente bonito el tema "The Lonely Shepherd"


Con todo, podemos asegurar que en cuanto a su faceta como director, Kill Bill resulta una de sus mejores y más completas películas. El guión no es nada sobresaliente, pero funciona bien. Kill Bill no habría sido posible tanto sin Uma Thurman como sin Sally Menke, que elabora uno de sus mejores trabajos. Kill Bill asi como lo hizo "Pulp Fiction" ha marcado en el imaginario popular y sus fotogramas y su composición musical ya es herencia mundial. No obstante, la película no se ha abstenido de controversias, como las que hace poco más de un año incluyeron a Quentin en el movimiento #MeToo, al descubrirse que obligó a la actriz a rodar conduciendo a través de una carretera peligrosa.
Kill Bill se mantiene como una de las obras más recordadas de Quentin Tarantino y que le permitió regresar a la cima de Hollywood, por lo tanto, mucho tenía que hacer para subir el nivel con su siguiente película... ¿O lo estropearía todo?

Ps: Adjunto los créditos finales de Kill Bill vol. 2 con la canción "Malagueña Salerosa" de fondo, lo cuál constituye uno de mis montajes favoritos de la carrera de Quentin.

 

Pibón del Barroco



martes, 6 de agosto de 2019

Jackie Brown: Decepción, caída y post-obra maestra



Jackie Brown: Decepción, caída y post-obra maestra

El éxito cosechado por nuestro amigo Quentin con "Pulp Fiction" (1994) supondría solamente el inicio de una carrera de éxitos como iremos viendo, pero hoy no es el turno de uno de ellos.
Tras ganar la Palma de Oro en Cannes (reconocimiento que ha intentando repescar este año con nulos resultados) y una serie de numerosos premios entre los que destacan un Óscar (a pesar de sus siete nominaciones) Quentin se veía a si mismo como un dios entre los cineastas, compuesto de una mente fílmica perfecta y un absoluto don para crear obras singular y completamente éxitosas. Salvador del cine independiente, Quentin pareció querer seguir su camino en vez de brindar al público que le había hecho popular un filme similar a los que ya había estrenado. En si no podemos reprocharle nada, pues Quentin siempre ha seguido una senda muy propia que en rara ocasión a prestado atención a las peticiones de las masas. En si, esa característica aporta a su cine un plus+ de personalidad que no muchos otros cineastas poseen (¿Oliver Stone tal vez?) pero que en las navidades de 1997 le hizo tocar fondo.
Nuestro hombre no solo se alimentó de cine durante su infancia; también y aunque su ortografía indique lo contrario era un ávido lector. Entre sus novelistas favoritos sobresale Elmore Leonard, un escritor de relativo éxito en el mercado americano con una estrecha relación con el cine y la televisión. De hecho, el pequeño Quentin fue detenido por robar a los 16 años una de las novelas de dicho autor.
Con todo, en 1995 Quentin se decidió por adaptar la novela "Rum Punch" como homenaje a su autor. La obra no difiere en exceso de la novela, resultando el juego de diálogos similar, pero de eso hablaremos más tarde. Ahora, me detengo a comentar que con esta película Tarantino buscaba consagrarse como cineasta excelente, capaz de dar vida y forma a cualquier idea escrita o imaginada.


Nada más lejos de la realidad, la película nacida a raíz de las palabras de la obra de Leonard resulta uno de los puntos más bajos de la carrera del cineasta, aunque, a decir verdad, la película ha envejecido bastante bien. En estos momentos se está reivindicando la importancia del filme y la apelación del calificativo de "obra maestra". En unos instantes otorgaré mi opinión al respecto.
La película nace como un claro homenaje al subgénero del "blaxploitation" que se hizo sumamente popular en EE.UU entre los años setenta y noventa. Este género mezcla el erotismo, las armas y la acción de la mano de únicamente personas de color, de hecho, el término significa "explotación negra" y estaba dirigido a un amplio público, no solo a gente negra, como en su origen cincuentero resultó ser. De la mano de este subgénero nacieron mínimas obras maestras (más que nada por su peso cultural) como "Coffy" (1973), "Sheba, Baby" (1975) o "Foxy Brown" (1974), todas ellas protagonizadas por la venus negra: Pam Grier. Por lo tanto, la elección de la dama para protagonizar "Jackie Brown" no resultó arbitraria. El resto del elenco lo conforman Brigdet Fonda, Michael Keaton, Robert de Niro, Samuel L. Jackson y el televisivo Robert Forster. Ninguno a excepción de Jackson ha vuelto a trabajar con Quentin Tarantino.
La idea de un homenaje al subgénero de negros fue infundida en la mente de Quentin no porqué el libro tratase de ello (la protagonista es blanca y no se apellida "Brown" sino "Burke", ahora que el lector ávido busque el porqué del cambio de apellido) sino porque el consideraba que se lo debía a una corriente que tanto le había hecho disfrutar y que sus actores favoritos de joven (Grier, Forster o De Niro) lo merecían. De todas formas, ese aspecto resulta inverosimil pues Quentin siempre dió y da prioridad a la gente negra en sus obras (recordemos que con esta película, tres de sus ocho filmes son protagonizados por gente negra).
Lamentablemente, la introducción de gente negra se aproxima más a una serie de esteriotipos que a una intervención cultural. Parece que gran parte del diálogo de Jackson se basa únicamente en recalcar que los negros de su alrededor son negros, y no con la gracia o soltura que usa en "Pulp Fiction" (1994) o "Django Unchained" (2012) sino con un sentimiento de superioridad en cierta medida acorde a su personaje pero que acaba resultando pesado, como la mayor parte del diálogo de esta obra.


No me malinterpreten, la premisa y desarrollo de la trama es cuanto menos, interesante y con cierto gancho, pero como vimos en "Pulp Fiction" (1994) hay un fallo de diálogos: no son diálogos forzados en cierta manera, puesto la mayor parte de personajes se desenvuelven en ellos y ayudan a trazar en cierta manera su personalidad (salvo la del silencioso Louis) pero si que no son lo suficientemente ligeros como para atraer la atención del espectador. Verdaderamente, parecen calcos de los escritos por Leonard. Error garrafal, Quentin, que los espectadores nunca te reconoceremos: esa falta de originalidad que para bien o para mal (ejem, "Grindhouse: Death Proof" (2007)) no volvera.
Completan el reparto una serie de personajes puramente superficiales. En diversas ocasiones, Quentin ha resultado que esta obra es un estudio de personajes, pero a excepción del interpretado por Robert Forster y el de Pam Grier, del resto poco podemos estudiar. Recalcaré una y mil veces que el estudio de personajes se desarrolla en "Reservoir Dogs" (1992) por encima del resto de sus obras.
Veamos, Jackie Brown narra la historia de una azafata entrada en años que transporta en sus vuelos dinero para un traficante de armas, Ordell Robbie, que vive junto a su "amiguita" Melanie y su compinche Louis. En uno de sus viajes, Jackie es detenida por la policía y se inicia así un juego a cntrarreloj para entregarles a Ordell y quedarse con medio millón de dólares con la ayuda del fiador Max Cherry.
El cartel promocional del film reza "Seis jugadores tras medio millón de dólares... Solo una pregunta, ¿Quién juega con quién?" nada más lejos de la realidad, pues dos de ellos no poseen el mínimo interés en el dinero. Hablamos de los personajes de Fonda y De Niro. El personaje de Fonda no parece un reto para ninguna actriz al tener que estar tumbada en practicamente toda la película. además de ser un intento barato de copia sensual del personaje de Thurman en el anterior film del director, por lo que no daré más importancia a un personaje que no la tiene. El de De Niro resulta con claridad el mejor personaje de la obra, un personaje callado la mayor parte del tiempo, lo que se agradece en una obra en la que sobran las palabras. Lamentablemente el personaje de De Niro no aparece el tiempo suficiente como para cogerle el gusto, por lo que su participación resulta más bien una mera intervención que no es ni magistral ni decepcionante. Simplemente, esta ahí. Hay que admitir, sin embargo, que ambos personajes protagonizan la escena más divertida y "Tarantiniana" de la cinta, cuando él la mata a ella.
Michael Keaton podría haber deslumbrado más, pero me conformo con que un actor infravalorado como él tenga un papel bastante interesante en la cinta menos interesante de Quentin. Chris Tucker también realiza un pequeño papel, siendo este otro de los breves y espontáneos momentos estrella de la cinta. Indudablemente, Robert Forster realiza el papel de su carrera pero es incómodo verle tanto tiempo con gesto de indiferencia. La expresividad no es lo tuyo, Robert.
El de Pam Grier es la metáfora del argumento secreto en la obra, la vejez: ciertos personajes entablan conversación sobre esto que a su vez es un guiño a la desaparición del "blaxploitation" y sus estrellas, como Grier.


Con todo, la película supuso una inimaginable decepción que hizo a Quentin retirarse durante siete años. A pesar de ello, no se abstuvo de que ciertos críticos la calificaran como su obra más "madura" o su mejor cinta, opinión que niego en rotundo. Si bien no resulta una mala película en general, decepciona al compararse con el resto de su filmografía. El espectador no conecta con los personajes, los diálogos no atrapan y el supuesto estudio de personajes es meramente eso, una suposición. 
La traca final del filme es narrada desde tres puntos de vista diferentes, tal vez lo más interesante de la naracción fragmentada que tanto caracteriza al director. Sin embargo, el momento hasta el intercambio de dinero resulta confuso y acelerado, para acabar con unas escenas sórdidas e insípidas tras el intercambio. Otro de los detalles del filme es la escasa violencia: nueve disparos y cuatro víctimas.


Para nosotros, los espectadores españoles, hay un pequeño guió al final de la cinta, cuando Jackie le comenta a Max que ahora se marchará a Madrid, España, y que "no cenamos hasta la media noche". Tal vez la gracia sea un agradecimiento al éxito que tuvieron aquí sus anteriores películas. Aunque es cierto que Quentin gusta de las referencias geográficas, como el lugar al que van a huir Butch y Fabienne o en este mismo film, la taza de Albania.
Si bien la vejez es el argumento oculto del filme, es innegable que con los años mejora. Cada vez que Quentin Tarantino asienta su nombre un poco más en la industria, sus obras menores recobran fuerza. Tal vez algún día sea esta mi película favorita, pero hoy por hoy, no.


Pibón del Barroco

lunes, 5 de agosto de 2019

Pulp Fiction: Temprana y eterna consagración



Pulp Fiction: Temprana y eterna consagración

"Reservoir Dogs" se estrenó en enero de 1992 en el Festival de Sundance, y a este le siguieron otro tantos que proyectaron la película. Durante las aventuras en Europa de Quentin y compañia visitaron los Países Bajos, donde Quentin residió una temporada: se aisló en una habitación de hotel para componer su próxima obra, que ya había planificado con anterioridad. Pulp Fiction iba a ser en su origen una serie de tres historias singulares cada una dirigida por un cineasta. Quentin ya había configurado la trama de un matón a sueldo que saca a cenar a la chica de su jefe, y su amigo Roger Avary compuso la inolvidable historia de un reloj que visita más anos que muñecas: sin embargo, la tercera historia traía sin cabeza a Quentin, por lo que al fin decidió recomponerlas todas (en mayor o menor medida) y dirigir el mismo el largometraje. A esto se sumaba la decisión de dejar fuera del proyecto a Avary, lo que más tarde le ocasionaría no pocas polémicas.
El guión fue pasando de la mano de Quentin y su amigo y productor Lawrence Bender a varias productoras en medida reconocidas, hasta que al final la película la produjo el mismo Danny De Vito con la colaboración de Harvey Weinstein, jerifalte de MIRAMAX  © (Subyegado de Disney ©) quién aportó más millones al enterarse del interés de actores como Bruce Willis por participar en la cinta. Y es que, poco a poco, Quentin reuniría a su elenco más "pulp": a sus ya habituales Harvey Keitel y Tim Roth se unían Samuel L. Jackson, Vingh Rhames, Eric Stolz, Cristopher Walken o el mísmisimo John Travolta. Uma Thurman encabezaba el reparto femenino con las actuaciones de Amanda Plummer, Rosanna Arquette y Maria de Medeiros. La película contaba con cameos de Steve Buscemi, Angela Jones, Paul Calderon y el mismo Quentin.

La película tal y como se proyecta se inicia con un preludio encabezado por dos atracadores: el que antaño era el Sr. Naranja y ahora con pareja. Cuando la cámara se congela aparecen los títulos de crédito y comienza la historia de un par de asesinos a sueldo aficcionados a las hamburguesas y que deben recuperar un maletín para su jefe. La tensión sexual se presenta entre los personajes de Travolta y Thurman, pero será rapidamente abruptada por una intoxicación de drogas de ella. Para salvarse el pellejo, el personaje de Travolta debe recurrir a un amigo traficante. A punto de perder su libertad también se haya el personaje de Willis, un boxeador que engaña a su jefe (jefe también de Travolta y Jackson) para huir con el dinero de unas apuestas. Lamentablemente, las cosas salen como el culo y ambos verá peligrar su... integridad física y moral. El relato finaliza con el principio, cuando los asesinos a sueldo (Travolta y Jakson) deben resolver un imprevisto.
La historia criminal de Quentin brilla por su guión (obviamente) que resuelve una historia criminal enlazada por uno o dos personajes a una serie de capítulos aislados que componen la trama. Si bien, yo no diría que ni es una película de vidas cruzadas ni historias cruzadas, tampoco utilizaría el término "cruzadas/cruzar" pues considero que solo hay un momento en la trama donde dos historias coinciden (el preludio y la situación con Bonnie). Definiría más bien a este argumento como "historias enlazadas", por lo que acontece una y sucede la otra. Y esto si resulta verdaderamente original. Quentin se acercaría más al concepto de historias cruzadas con "Inglourious Basterds" (2009), y aquí optaría más bien por el término "historia paralelas". Sea como fuere, el resultado fue una de las mayores sorpresas de aquel año, no me malinterpreten, se habían acometido narraciones similares en el cine en películas anteriores pero ninguna comparada con la efectuada por Quentin: las historias de Pulp Fiction conectan tan bien y resultan tan perfectamente colindantes que sorprenden y confunden.
Pulp Fiction no supone un analisís de personajes tan profundo como lo fue "Reservoir Dogs" (1992) pues se centra en los hechos y las situaciones: más bien, diría que Pulp Fiction resulta una película que busca a Dios y que pone especial enfasís en el destino. Para sostener esta conjetura, desgranemos el argumento cronologicamente:
Vincent Vega y Jules Winfield son dos matones a sueldos, dos ángeles o sirvientes de una figura superior como es Marsellus Wallace. Una figura casi divina, a la que no vemos la cara hasta que su poder se ve debilitado (a continuación llegaremos). Ambos acatan sus órdenes a pesar de ciertas discrepancias (como el asunto de Antoine Rocamora). Ambas figuras tienen sus sendas y viajes personales: Vincent ha viajado durante tres años por Europa, afincandose con regularidad en Ámsterdam. Sin embargo, de su viaje no ha sacado conclusiones trascendentales. En cambio Jules, si: su viaje da inicio cuando un hombre del que no tenían en cuenta les dispara a quemarropa, y todos los tiros fallan. Este acto es presenciado por Jules como una intervención divina y surge una disputa entre ambos amigos que finiquita con la muerte del rehén que transportaban. Casi se diría que todo esto resultaba predemitado, para que al final, Jules acabase en el mismo lugar y momento que una pareja de atracadores. He ahí la recta final de su viaje, el atraco: cuando el personaje de Roth le obliga a abrir el maletín (que no es más que un simple McGuffin del que no hablaré más) Jules aprovecha para retenerle y sermonearle con un ficticio versículo. Jules ha finalizado su senda y ha sacado conclusiones claras que le invitan a despojarse del mal y viajar por el mundo. El destino y porqué no, Dios, le han puesto ahí para ser el verdadero pastor y Pumpkin no es más que otro débil sometido a los pecados del mundo.
La historia sigue al llegar al garito donde se hayan Marsellus y Butch. Marsellus actua como el poder superior que resulta para trazar el camino de subordinado Butch. De igual forma, Marsellus encarga a su hombre de confianza Vincent la tarea de sacar a Mia esa noche. Obviamente la tarea se complica, y el destino precede que Vincent compre drogas y estas lleguen a manos de Mia, que cree que en vez de heroína, lo que su amigo lleva es cocaína. La historia acaba donde comienza, en la destartalada casa de Lance. De hecho, ese lugar es un oráculo, una iglesia, un santuario: Vincent acude cuando debe relajarse, cuando debe hallar paz (con las drogas en este caso) mientras que la segunda vez que acude es para solventar la situación, para rezar diríamos. El personaje de Lance funciona en este caso como un intermedario entre lo divino y lo mundano: conoce a Marsellus, sabe de su poder (conoce a Dios, diríamos que Lance es un sacerdote) y también conoce a Vincent, su amigo, al que debe ayudar (los fieles). Incluso Jimmie resultaría algo similar, pero con un vínculo más reducido.
La historia del destino, del honor y el deber es por excelencia la tercera: Butch va a la guerra. Su guerra personal, tal como lo hicieron su padre, su abuelo y su bisabuelo en Vietnam y respectivas GsMs. Ahora le toca a él, y su puesta en marcha se refiere a un objeto que idolatra, por el que dos de sus tres ancestros han muerto y por el que muchos hombres se han movilizado. Que Fabienne no cogiese el reloj no fue un error, fue una prueba divina para trasladarlo a una situación crítica (más aún que "un negro en su bol de arroz"). Obviamente, el destino juega una mala pasada, y al ir a recoger el reloj se tropieza con su jefe (al que por primera vez vemos la cara, elemento que nos hace entrever que la situación le rebaja a una posición inferior) y ambos acaban en una tienda de sodomitas. Ahora Butch debe escoger su camino: salvar a su posible asesino o marcharse. El destino ya ha trabajado suficiente.


No solo dios y el destino resultan esenciales: todos los personajes acatan las órdenes por fuerza de voluntad, por su propio honor y no su deber. Así pues, que Vincent salve a Mia no solo se debe a que Marsellus se lo ha encomendado, si no a que siente atracción por ella y considera que debe protegerla. Jules habría "pegado un tiro" a Pumpkin en otra ocasión, pero en ese momento su conexión con Dios se agudiza y siente el deber de dejarle marchar. Butch puede elegir, pero es más consciente de la salvajada de la situación que el mero hecho de que salvar a su jefe le otorgue beneficios futuros.
Así, aunque los personajes estén excelentemente tratados y evolucionan de manera interesante, no presentan esa complejidad psíquica de "Reservoir Dogs". Pulp Fiction es más bien una epopeya divina, que habla de los valores más cercanos a la fé y cuya trama responde al destino.


Dejando de lado este chute de misticismo, Pulp Fiction se acentúa gracias a las actuaciones de sus protagonistas: un Travolta rejuvenecido, un Bruce Willis en su mejor momento (tiempos de "Twelve Monkeys" (1995) o "The Six Sent" (1999)), destacable Uma Thurman y sobretodo, personajes estelares de Samuel L. Jackson y Harvey Keitel. Puede que de este último, su trabajo de "El Lobo" sea el mejor de toda su carrera, y eso que su participación en la película es bastante breve (al igual que la de Tim Roth).
En cuanto al diálogo, a pesar de sus frases ingeniosas y de pecar de forzado en algunas ocasiones, resulta entretenido y ha quedado grabado en la mente de millones de espectadores. Todos recuerdan las líneas sobre hamburguesas o el piloto de Mia.
En una visión más fílmica, la historia de "La Situación con Bonnie" resulta la más entretenida sin lugar a dudas: "Vincent Vega y la esposa de Marsellus Wallace" se entorpece, sobretodo en su intermedio, a breves instantes del famoso concurso de baile (baile inspirado en otros, como el presente en "8½" de Federico Fellini (1963) e incluso sutilmente en el de "The Aristocats" (1970)). La historia del "Reloj de Oro" puede ser cansina con la presencia de la inútil novia de Butch, Fabienne (lograda interpretación de Maria de Medeiros) y sus momentos álgidos son el monólogo anal de Cristopher Walken y la resolución del conflicto.
La dirección de Quentin va sumando puntos a medida que avanza su filmografía: en Pulp Fiction, el rodaje más sobresaliente resulta en los largos planos que siguen a los personajes, como cuando Vincent entra en el restaurante o Butch se dirige a su casa. No faltan planos y referencias a otras películas, como "Psicosis" (1960) obra maestra de Alfred Hitchcock e inspirador (en menor medida) de nuestro director.
Pulp Fiction no es un sinsentido de plagios como sus mayores detractores hacen creer, pero tampoco es la obra maestra de Quentin Tarantino. Me atrevería a decir que no es ni su segunda ni tal vez su tercera mejor película. La obra es forzada y aburrida en determinados momentos y el significado divino no traspasa tanto como la personalidad de los maleantes de "Reservoir Dogs".


Pero no quisiera transmitir a mis lectores esa falsa sensación de que Pulp Fiction es una mala película: es una obra brillante, pero más brillante aún resulta que sea una película de tanta trascendencia cultural. Si bien "Reservoir Dogs" es crucial en la historia del cine y la prebase a la obra de Quentin, Pulp Fiction son los cimientos de toda su carrera. Pulp Fiction fue un acontecimiento único en la historia del cine: recaudó más de doscientos millones de dólares y fue la primera película independiente en superar los cien millones de recaudación. Pulp Fiction ha inspirado a nuevas oleadas de cineastas y con su estreno se lanzó la carrera de algunos de ellos tan importantes como David Fincher, Paul Thomas Anderson o San Mendes, que en menor o mayor medida Tarantino influyó en ellos. La película cuenta con toda una ola de cultura popular a su alrededor y se ha convertido en un referente de millones de aficionados al séptimo arte en torno a todo el mundo. Pulp Fiction es, por lo tanto, la obra más popular de Quentin Tarantino.



Pibón del Barroco

viernes, 2 de agosto de 2019

Reservoir Dogs: Preámbulo de un futuro genio


Aprovechando el próximo estreno de "Once Upon a Time in Holllywood" voy a estar escribiendo reseñas de toda la obra de Tarantino. Obviamente, serán cronológicamente, así que hoy trataremos su primer filme:


Reservoir Dogs: Preámbulo de un futuro genio

Cuando Quentin Tarantino estrenó en 1992 su ópera prima (Aunque ya realizó un mediometraje con anterioridad) su nombre corrió como la pólvora, ¿Quién era ese videoaficionado que con una sola obra desafió a las grandes productoras, cosechó 15.000.000 de dólares y unió a la crítica y al público?
Sin introducirnos en biografías, Quentin fue un joven emprendedor, empujón clave en el cine independiente americano con su ópera prima, de la que tratamos a continuación:


Reservoir Dogs puede que sea una de las películas más importantes en la historia del cine, y clave en la filmografía de Quentin Tarantino. Esta obra comenzó con un presupuesto de 30000 $, cosechados de la venta de un guión titulado "True Romance", del que salieron dos películas (tal vez las tratemos en algún momento). La preproducción de Reservoir Dogs contaba con un grupo de amigos cinéfilos capitaneados por Quentin que se disponían a rodar la película en 16 mm y de forma bastante... deplorable. Por suerte, el guión de "Reservoir Dogs" llegó a manos de la esposa de Harvey Keitel y del productor de cine casero Monte Hellman. Este último, decidido a producir la película, le otorgó una lista con 10 actores, y por cada uno le otorgaría a Quentin un millón de dolarés de preproducción, alegre de que no hubiese muchas esperanzas de conseguirlo. Lástima, Monte, que Keitel ya hubiese leído el guión y se lanzase al proyecto de cabeza.


Curioso es la situación en la que Keitel conocío a Tarantino: tras leer el guión, Keitel invitó a su casa a Quentin para discutir ciertos detalles -¿Harvey Ki-tel?- pregúnto Quentin -No, se pronuncia Kai-tel-. Quentin comió bastante de lo que Kai-tel le ofreció, mientras este le acrbillaba a preguntas. Confuso sobre como Quentin se sumergió en los suburbios de Los Ángeles y desarrolló personajes tan callejeros, este respondió -Veo cine-. Al proyecto se fueron sumando nombres, entre ellos, los de algunos secundarios ya reconocidos como Steve Buscemi o Michael Madsen, y algún veterano como Lawrence Tierney.
Tras ciertos contratiempos de rodaje (peleas de borrachos, falta de vestuario, un Tim Roth que casi se ahoga en sangre falsa) la película logró estrenarse y cosechó bastante tanto en crítica como en audiencia. Muchos la han comparado con "The Sting" (1973) y ambas son las mejores películas sobre atracos jamás rodadas. Indudablemente, Reservoir Dogs es crucial en la historia.

 
Reservoir Dogs es la mejor ópera prima jamás filmada: el ajuste del presupuesto se resuelve de forma muy elegante en ciertas tomas, como la huida de los señores Blanco y Naranja o la tortura al policia. También juega un papel importante la escenificación: cada sitio donde se hallan los personajes nos dicen algo de ellos. Y sin sus actores, los personajes se quedarían en burdas líneas de un guión muy bueno: Harvey Keitel remite a sus mejores tiempos junto a Scorsese, Michael Madsen deslumbra con una faceta que ni el conocía (casi se desmaya durante la tortura), Tim Roth agudiza su actuación con una gestualidad muy Jim-Carriana, Chris Penn denota odio y simpatía a partes iguales, y por sobretoda las cosas, Steve Buscemi se lleva la palma: un personaje entre su sicario de "Fargo" (1996) y su simpático (de nuevo) atracador de "Big Fish). Pero sin duda alguna, es el guión donde reside la magia: si bien y nos detenemos, el guión es francamente sencillo, Tarantino oculta aquello más apasionante en las situaciones más confusas. La definición de cada uno de sus personajes se lleva a cabo en la discusión de los nombres, en la discusión de las propinas, en la discusión sobre mujeres negras, en la discusión sobre el traidor... En definitiva, es en el caos donde hallamos el orden. Puede que el Sr. Blanco parezca un buen tio cuando revisa la libreta de su jefe en el restaurante, pero ante la mínima, no dudará en sacar su arma cuando se le insinua que podría ser el traidor. El Sr. Rubio otorga una impresión de hombre silencioso, incluso solitario, que tras conocer los estragos carcelarios se ha aislado. Nada más lejos de la realidad. No desaprovecha la situación de aglomeración para disfrutar de las formas más sádicas, tal vez remitentes a un mundo infantil, donde el es el centro de todo. Por eso su personaje roza (a las buenas) con el de Eddie el amable. Ambos protegidos por un ente superior (Joe) se siente intocables, y pueden dar rienda suelta a sus fantasías más infantiles.               
El Sr. Rosa es una persona ordenada, confenida a sus ideales, pero cuando la situación se complica, se altera a niveles desorbitados.
El Sr. Naranja es quién más misterios ocupa... Él debería ser el bueno, el justo, el polícia que se infiltra para acabar con los ladrones... Pero poco a poco su personalidad se va transformando. Cuando llega al restaurante para charlar con el personaje de Randy Brooks, su actitud es de satisfacción, seguridad y simpleza. Sabe muy bien a lo que va y que debe hacer. Sin embargo, parece que el mundo del crime le va atrayendo. Se desquicia tanto como el resto de personajes al ver la situación de peligro (Sr. Rosa), levanta la voz si alguien insinua algo contra su persona (Sr. Blanco) y se comporta como un niño cuando necesita atención (Sr. Rubio), aunque, en este último, sea más bien el miedo que tiene a la muerte lo que le acerque a la infancia, pues si recordamos, su actitud con el Sr. Blanco se vuelve más afectuosa cuando esta herido. Necesita cariño, sentirse mimado, no tanto ser una figura egocéntrica e importante como el Sr. Rubio. 
También es curioso como estos personajes se alejan de los arquetipos de perfectos ladrones, inteligentes y perspicaces para ofrecernos una visión más humana (y por qué no decirlo, también cómica sin caer en la autoparodia o en la estupidez) en la que, antes de un atraco, se sientan a hablar del significado de las canciones de Madonna o de si se debe o no dejar propina, al igual que discuten con el reparto de pseudónimos. Respecto a este último punto, retrocedamos a la conversación de Madona; lo vemos también en futuros trabajos, como en Pulp Fiction, que el director, o mejor, guionista (así sí) gusta de meter detalles de la cultura popular en sus obras, introduciendo al espectador en un interesante juego que le hará encariñarse con los personajes, al comprobar que estos viven en un mundo real, en el que poseen gustos y fobias. Ligado a esto se halla el uso de un lenguaje coloquial y soez, característico de sus films, porque quiere explotar ese sentimiento de vínculo entre el espectador y el personaje. Además, está la cantidad de referencias escritas que nos encontramos; incluso en su momento Tarantino fue criticado porque muchas de las conversaciones de los personajes de Reservoir Dogs fueron conversaciones reales entre él y sus compañeros de trabajo.
Retomando el tema de los personajes, Tarantino se esfuerza mucho e innecesariamente en aportarnos detalles sobre la vida de estos, que pueden hacernos distraer del momento. Este uso de la máxima definición deja poco a la imaginación del espectador. Por suerte este problema aún presente en toda su obra va disminuyendo. En definitiva, me refiero al hecho de dar demasiados datos sobre las figuras centrales, cuando ni siquiera nos muestra el desarrollo del atraco. Esto puede resultar útil en el contraste de personajes, de algunos, como el Sr. Blanco conocemos hasta su apellido, mientras que de otros no. Sin embargo, en un futuro podrán ser utilizados jugosamente para hacer caer al fan en un complicado rompe cabezas de referencias (Véase el apellido Vega o la marca “Red Apple”).


Puede ser interesarte detenernos en una cuestión ya citada: ¿Por qué no vemos el atraco? Bien, puede ser algo en cierta medida criticable, pero, sin el atraco, la película gana muchísimo. Este filme se supone que es una obra de atracos... sin atraco. El hecho de no desvelarnos lo sucedido hace trabajar a nuestra mente para representar esas escenas y sacar nuestras conclusiones. De hecho, todo lo que sabemos del atraco viene de la breve conversación entre el Sr. Rosa (quién aporta la mayoría de detalles) y el Sr. Blanco, quién va alternando diversas cuestiones e incógnitas. Es en esta escena donde nos sentimos identificados con un personaje, con el Sr. Blanco: deseamos saber más, que ha sucedido, como ha sucedido, quién ha muerto y quién ha sobrevivido. En definitiva, la no existencia del atraco genera un climax de suspense mucho mejor que si se nos lo hubiese mostrado, y ahora bien, ¿cuantas películas de atraco muestran el atraco? Pues eso. He ahí la diferencia entre una obra maestra y una bazofia.


Hablando de morir o vivir, me gusta como Quentin se deshace de los personajes que no le aportan nada a la trama, o que no han encontrado su hueco en ella. Me refiero al Sr. Azul y al Sr. Marrón (interpretado por el mismo) por supuesto. Esta estratagema la veremos más adelante: aunque su papel es verdaderamente crucial (forman parte de un atraco) no tienen la suficiente gracia como para desarrollarlos. De igual manera, la cinta no cuenta con ni una sola línea de diálogo dicha por una mujer, algo bastante inusual... Sin embargo, las escenas eliminadas si cuentan con una mujer:


Ahora bien, ya no es solo el desarrollo de sus personajes: Reservoir Dogs destaca por la narrativa fragmentada; Quentin escribió un guion claramente fragmentado en el espacio-tiempo y con ligeros y sutiles saltos narrativos nos introduce escenas que sucedieron días antes en medio de la acción del momento. Claro ejemplo es la salida en escena del Sr. Rosa para irrumpir con unas páginas de diálogo entre el Sr. Blanco y Joe Cabot situadas meses antes. Esa habilidad de Tarantino para reordenar los hechos como a él le apetece (no hay otra palabra) también la podemos presenciar en torno al final: cuando el Sr. Naranja revela su identidad a Marvin, el policía torturado durante el “Stuck in the Middle with you” de Stealers Wheel (otro gran aspecto del guion es la introducción de temas musicales en determinadas secuencias), retrocedemos meses en el tiempo para presenciar, esta vez sí, en orden cronológico y desde el punto de vista del Sr. Naranja, como se va formando el grupo de anormales ladrones. Inclusive nos narra a la perfección una anécdota sobre venta de marihuana a través de varias escenas, que ya no reside su complejidad en el montaje, si no en el uso del espacio-tiempo, al mostrarnos un monólogo partido en varios escenarios. Comienza narrándolo el Sr. Naranja para si mismo en su casa, continua con Joe Cabot, su hijo y el Sr. Blanco en el bar y finaliza con la supuesta escena de los lavabos que no es más que el fruto de la imaginación del Sr. Naranja. Como dato curioso, tal es la obsesión de Tarantino por detallar al máximo sus diálogos que, si el espectador revisiona esta parte ahora comentada del film (En V.O), verá una curiosa errata al dirigirse Eddie Cabot al Sr. Rosa como tal en su coche, cuando se supone que van a la reunión para dar nombres. Tarantino sin querer se adelantó a una escena posterior. Una pena que en sus últimos trabajos no explote tanto el tema de narrativa rota como lo hizo al comienzo de su carrera.
Y este recurso no es meramente embellecedor: con el vamos repasando las situaciones de cada protagonista en los momentos previos y posteriores al atraco -organizamos las ideas-; empezamos recordando tanto lo más cercano -huida del Sr. Rosa- como lo más lejano -entrevistas con Joe del Sr. Blanco y del Sr. Rubio- para por fin acercarnos a la cuestión: el pasado del traidor. Esta disposición esta muy trabajada, muchísimo más que en sus siguientes películas.
Y no quisiera adelantarme a mi próximo post, pero la clave de la diferencia de éxito entre esta y su sucesora "Pulp Fiction" es que la narrativa fragmentada se convierte en una historia cruzada.


Podriamos estar posts y posts explicando porque Reservoir Dogs es una película esencial en la historia del cine (y citando todas las referencias de la cinta y discutiendo sobre su supuesto plagio), pero podremos condensarlas: la opera prima de Quentin presentó al mundo un nuevo estilo narrativo nunca antes visto, ¡nunca! que desde entonces es usado y reusado y requeteusado por las nuevas oleadas de cineastas... Oleadas que tienen en alta estima a Quentin, y no es para menos, porque con esta película, y sobretodo con Pulp Fiction, Quentin demostró al mundo del cine que no necesitas cientos de millones para crear grandes películas. Que el cine independiente puede ser un gran aliado de las productoras... o un gran enemigo.
Con esta obra Quentin no hace una película de atracos: Quentin Tarantino hace una película de desarrollo psicológico, de tramas mentales, de diálogos reveladores. Es un ensayo sobre la desesperación y la lucha entre/de los hombres.
Asi mismo, Tarantino demostró que un buen guión y un elenco minucioso pueden serlo todo para conectar con el espectador. E inició la etapa del thriller noventero, que tantas maravillas nos ha dado.
Por todo esto, me atrevo a decir que Reservoir Dogs es una de las películas más importantes de la historia, y el punto de no retorno para la carrera del mayor genio cinematográfico de la historia.


Pibón del Barroco